
Trabajar ritmos con vasos en el aula es una de las puertas de entrada más potentes que tenemos los profes de música.
Mi primer juego con vasos en el aula
En el año 1993 o 1994 —no recuerdo exactamente— estaba participando en un taller de Luis Pescetti para docentes de música. En algún momento de la jornada, Pescetti nos pidió que lleváramos a la ronda algún objeto pequeño que tuviéramos entre nuestras cosas: algo que pudiéramos pasar de mano en mano sin riesgo de romperse.
Tras una brevísima consigna, comenzaron a circular por el grupo, siguiendo el acento de la canción Acitrón, objetos de lo más diversos: llaves, cassettes, peines y una gran variedad de pequeños elementos devenidos en «instrumentos de bolsillo».
Luego de esa actividad, Luis puso una música muy diferente, algo más de moda y en inglés —quizás en cassette o, ya era la época, pudo haber sido en CD— y nos pidió que hiciéramos lo mismo: tomar el objeto que nos dejaba el compañero de un lado en el tiempo débil del compás y, en el acento, pasarlo a quien se sentaba del otro lado.
Al lunes siguiente del taller ya estaba replicándolo con mis 6.° y 7.° grados de la escuela.
Fue un reencuentro, en realidad. Juan Paco Pedro de la Mar —una versión parecida a la que está en A desenjaular el juego (Brounstein, S. y Kirianovicz, C., «A desenjaular el juego», Editorial Autores de Argentina, 2023)—, pasándonos los vasos mientras yo no entendía muy bien qué estaba sucediendo.
Un recorrido que no fue en línea recta — como la vida misma —
Después de ese primer encuentro con Pescetti pasaron años en que jugaba siempre a lo mismo, Acitrón y Juan Paco… hasta que en 2005 llegaron inesperadamente nuevas ideas de la mano de Viviane Beineke, investigadora brasileña y autora del proyecto Lenga la Lenga. Fue en un taller suyo, en el marco del 7° Encuentro del Movimiento de la Canción Infantil Latinoamericana y Caribeña, en Montevideo, donde conocí su trabajo, y con él sus arreglos para vasos y flauta dulce de rimas y canciones como Rabo do Tatú y Escatumbararibê, que hoy forman parte de mi repertorio habitual.
Viviane llevó el material al encuentro antes de que estuviera editado —la edición brasileña de Ciranda Cultural (www.cirandacultural.com.br) salió en 2006—, pero unos meses después conseguimos comprarla. No era una idea o una canción nueva, eran muchísimas, todo un libro con partituras también —y venía en un packaging bellísimo: una carpeta con un CD y encima un VCD. ¿Sabés qué era un VCD? Es un Video Compact Disc. Qué época de novedades tecnológicas, no lo podíamos creer.
En ese mismo encuentro conocí a Palavra Cantada, el dúo brasileño que en su canción Fome Come acompañaba su canción Fome Come con el toque Latinha —así llaman a ese toque de vasos.
Pero el encuentro que más me marcó fue otro. A través de mi maestra Pepa Vivanco, hicimos con los alumnos de mi estudio de música de Rosario un encuentro de intercambio con un grupo el percusión «Sin Permiso», de Buenos Aires (CABA). Y ahí pasó algo que no me esperaba: tardé dos días en aprender el toque Latinha que ellos hacían con vasos. Dos días enteros para entender algo que mis estudiantes aprenden en veinte minutos, aun siendo profe hacía ya más de una década. Y sí, pasa que hay que lidiar con la frustración. La propia y poder también, acompañar la de nuestros estudiantes cuando un desafío musical, o de coordinación, les queda aún muy lejano.
Latinha es el mismo toque que muchos de nuestros chicos conocen por When I’m Gone de Anna Kendrick.
Una propuesta que entra al aula solo como «un juego» suele quedarse. Se vuelve experiencia compartida y nos abre la puerta para trabajar muchísimos contenidos sin necesidad de explicar demasiado: pulso, acento, forma, escucha activa, ajuste a un tempo común y, por sobre todo, construcción de grupalidad.
¿Cuándo fue tu primera experiencia con juegos y toques de vasos?
Mariela Kohen
Recursos didácticos para el aula
«Andamiar y sostener el aprendizaje musical»
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